lunes, 26 de septiembre de 2016

EL RETO DE LA INNOVACION EDUCATIVA EN LA U.A.G.R.M.

Capítulo II
EL RETO DE LA INNOVACION EDUCATIVA EN LA U.A.G.R.M.
Precisamente adentrándonos en nuestro contexto y realidad, en cuanto a la falta de innovación en nuestra educación universitaria, tenemos que identificar en primera instancia cuales son nuestras principales fortalezas, entre las cuales tenemos:
a) Modificación de las curriculas universitarias, a través de laImplementación de Diplomados, Maestrías y Doctorados en Educación superior conforme a la educación  por competencias. Lo que se busca formar profesionales que sean capaces de investigar, fundamentar y/o proponer acciones y proyectos viables, considerando los contextos específicos y buscando el desarrollo integral y social del individuo.
b) Disponibilidad de recursos económicos, los que sobre todo fueron altísimos en la época de la bonanza del precio alto del gas, sin embargo pese a que ha existido una reducción de Bs 158.724.726 por concepto de IDH a Bs 90.452.755, no es menos cierto que aún este monto sigue siendo un monto significativo.
c) Predisposición y capacidad del plantel docente, toda vez que dentro del marco de mejora de la universidad estatal cruceña, se esta exigiendo que los docentes cuenten con maestria de educación superior.
d) Los sueldos de los docentes dentro de la U.A.G.R.M. son los mas altos de todo el sistema universitario local, con sueldos que oscilan entre los Bs.- 15.813, a los mas antiguos y que tienen la categoría al mérito, los que ganan Bs. – 13.944 que serían los docentes titulares y los docentes adjuntos con Bs.- 11.716, cosa que les permite servir a tiempo completo.
Como oportunidades se ha identificado las siguientes:     
a) Incentivos para cualificar la cátedra universitaria: Mejora del nivel salarial sobre todo a los docentes titulares y adjuntos, así como otras clases de incentivos, como becas de capacitación a nivel maestría o doctorado, así como asegurar la estabilidad laboral a través de la carrera docente y un mejor seguro médico universitario.
b) Ligar investigación científica con la aplicación o uso tecnológico  del conocimiento.   Para Vázquez Gómez las Nuevas Tecnologías de la Educación son Tecnologías de la información aplicadas al campo pedagógico para racionalizar los procesos educativos, mejorar los resultados del sistema escolar y asegurar el acceso de excluidos. Estas aplicadas al campo pedagógico se emplean para elaborar y recoger información, almacenamiento, procesamiento, mantenimiento, recuperación, presentación y difusión por medio de señales acústicas, ópticas o electromagnéticas, y distingue tres categorías: tecnologías básicas, informática y telecomunicaciones. Esta conceptualización omite las tecnologías audiovisuales que también podrían considerarse de la información o comunicación.
c) Impulsar en los estudiantes la tolerancia, creatividad y crítica científica.
La falta de tolerancia en la escuela engendra: arrogancia, dogmatismo, presunción intelectual y autoritarismo en los docentes. En los estudiantes, genera la sensación de que el conocimiento está totalmente acabado, encubre los errores y predispone a los estudiantes a  no aprender de sus errores. a la intolerancia que caracteriza a muchos docentes, se suma la velocidad y volumen con que se produce el conocimiento hoy en día. Ningún tiempo es suficiente para recibirlo y analizarlo. Los planteamientos esbozados en los dos párrafos anteriores, conducen a un replanteamiento de nuestra labor docente y de educadores. En este marco, la educación debe ser un proceso que forme al hombre en la  tolerancia, para que quien se forme bajo esa directriz, sea un ciudadano respetuoso de las diferencias, aprenda a desaprender constantemente, y que tome como rutina el cambio continuo. Es por ello, que la labor de un educador en un aula de clase debe estar enmarcada en un margen de tolerancia en el que se permita construir consensos y disensos. Bajo estos parámetros, la labor docente debería estar enfocada en la  formación de estructuras mentales y sobresaltos intelectuales en lugar de la mera transmisión de datos. Desarrollar este tipo de estructuras requiere de un docente competente en su disciplina, pero al mismo tiempo tolerante con las diversas formas de aprender de los estudiantes. También requiere de un entorno institucional que ayude a los encargados de educar a la gente a formar hombres y mujeres para vivir en paz y tolerantes con las diferencias y no predispuestos para la guerra.
Educar en la creatividad es educar para el cambio y formar personas ricas en originalidad, flexibilidad, visión, iniciativa, confianza; personas amantes de los riesgos y listas para afrontar los obstáculos y problemas que se les van presentando en la vida. La creatividad se puede desarrollar por el proceso educativo favoreciendo potencialidades y consiguiendo una mejor utilización de los recursos individuales y grupales, dentro del proceso de enseñanza – aprendizaje. No se puede hablar de una educación creativa, sin mencionar la importancia de un ambiente creativo, que propicie el pensar creativo y reflexivo en el salón de clases.
López Calva (1998), describe que el pensamiento crítico del estudiante es un pensamiento ordenado y claro, que lleva al conocimiento de la realidad por medio de la afirmación de juicios de verdad. En este aspecto resulta importante recordar que Lonergan (López, 1998), destaca que los tres primeros niveles de la estructura dinámica del conocimiento humano son: atender, entender y juzgar, enmarcando al pensamiento crítico en aquel tercer nivel. A su vez, el autor destaca ciertas características del pensamiento crítico del estudiante, comunes en varios de los autores arriba citados:
Analizar el valor de una afirmación.
Clasificar y categorizar.
Desarrollar conceptos.
Formular explicaciones.
Dar razones.
Buscar falacias.
Resolver problemas.  
d) Incentivos para los mejores alumnos en cuanto a becas para realización de post grados como maestrías y doctorados, tanto a nivel local, como en el exterior.
Como debilidades se encontraron las siguientes:
a) Falta lograr una transferencia tecnológica de conocimientos desde la universidad a la sociedad actual.      
El        experto argentino Ing. Mario Cisneros,  en temas de propiedad intelectual y transferencia de tecnología, subsidios estatales para la investigación y desarrollo y patentes, resalta la importancia de dicha transferencia para el crecimiento de la investigación y el desarrollo de la sociedad, y brindó claves para el éxito en este campo.  Según Cisneros, la transferencia toma el conocimiento tecnológico de una entidad y lo traspasa a actores en el mercado; por ejemplo, a empresas que se interesan en adquirir tecnologías para incorporarlas a productos y servicios comercializables. En el ámbito de la educación superior, se habla de transferencia de conocimiento generado por investigadores y financiado por las universidades. 
El ingeniero mencionó tres elementos vitales en el proceso de transferencia. El primero es la identificación del conocimiento transferible. Para ello, es necesario que el grupo tenga conocimiento de la existencia de un desarrollo científico potencial comercializable. El segundo es la protección de ese conocimiento, lo que permite que la universidad obtenga beneficios. Esto incluye el análisis de la patentabilidad y de cómo proteger de forma legal el conocimiento involucrado.  El tercero lo constituye la explotación de la tecnología. En este componente se tiene en cuenta la identificación de mercados interesados y de empresas que estén dispuestas a invertir en el desarrollo de productos. 
b) Discusiones en las universidades vacías de aportes científicos y teóricos. Politiquería, despilfarro de dinero, falta de debates, necesidad de reorganización y descontento estudiantil, ese es el principal tema de debate en la universidad. La población estudiantil está disconforme con la prebendalización y no se toma en cuenta ésto al momento de evaluar a la universidad en general. La discusión actual no es compatible con las solicitudes de la sociedad, en cuanto a desarrollo de la investigación y adecuación de carreras al mercado laboral para dar solución a los problemas de nuestra sociedad.
c) Falta de dotación de mayores estímulos para el aprendizaje de los alumnos a través de la investigación.
d) Carencia en la aplicación de conocimientos adquiridos en la profesión docente. Una característica de los docentes de la UAGRM, es que prácticamente los que están a tiempo completo o son eméritos, no se encuentran en el ejercicio de la profesión, lo que les impide tener una retroalimentación eficaz con los alumnos, de forma concreta con relación a problemas cotidianos que se le pueden presentar en el ejercicio de la profesión.
e) Falta de asignación de recursos materiales y humanos,  para mejorar la investigación académica en la Universidad, siendo el aparato  burocrático universitario, el que impide asignar oportuna y adecuadamente recursos para la innovación educativa a través del  desarrollo de la investigación. Para generar innovación educativa, toda vez que la universidad actualmente destina un 50% del total de los recursos ingresados,  al pago de servicios personales, de docentes y administrativos, la universidad cuenta con más de 4.000 funcionarios (2.000 docentes y 2.000 administrativos). Quedando una pequeña suma de recursos para la investigación.                                                                                                                          
Como amenazas se detectaron:   
a) Aislamiento de la Universidad (tanto pública como privada) respecto de los grandes problemas del desarrollo del país.                                                                      
b) Monopolio de la investigación científica por parte de organismos internacionales, centros o institutos privados u O.N.G generadores de conocimientos y de transferencia tecnológica, bajo forma de políticas públicas.
c) Ausencia de discusión abierta en foros públicos y de enseñanza universitaria sobre los conocimientos y transferencias tecnológicas generados por estos centros o institutos privados u O.N.G.
d) Falta de accesibilidad a empresas o instituciones para prácticas o trabajos de investigación. No existe un puente adecuado, el cual en teoría tendría que tender la Extensión Universitaria, así como la Carrera de Derecho, entre el estudiante y las entidades donde podría poner en práctica los conocimientos adquiridos, tanto en el ejercicio de la profesión, como en el desarrollo de investigación efectiva que brinde soluciones a problemas concretos con los que atraviesa la población, relacionados con la carrera de derecho.
Adentrándonos más en la problemática de la Carrera de Derecho, tenemos que la Innovación Educativa encuentra su gran reto en el hecho actual que el profesor universitario tiende a ser el jefe supremo de su cátedra, ejerciendo su autoridad con cierto exceso para impartir conocimientos. Estos se convierten en una práctica para refrendar los gustos e inclinaciones personales del docente durante las discusiones en grupo. Nadie se detiene a analizar lo contrapuesto o endeble del conocimiento impartido y, si existe esta posibilidad, el docente no actuará como facilitador y mediador del proceso de enseñanza-aprendizaje, sino como un defensor de posiciones principistas reforzadoras de prejuicios, o de las fórmulas erróneas reproducidas por los organismos internacionales que financian la reproducción de conocimientos, muchas veces nocivos para el país, sobre todo en materia de políticas públicas.
Simultáneamente, los estudiantes también reproducen actitudes intolerantes y son presa de la improvisación, pues carecen de habilidades de lectura de comprensión, hábitos sólidos para el estudio, y tampoco tienen un firme interés de largo plazo que esté motivado por el desarrollo de la investigación. Normalmente, los estudiantes quieren titularse de manera inmediata por medio del cumplimiento de algunos requisitos mínimos. Si bien reclaman la necesidad de aprender competencias profesionales eficaces, no poseen un sentido de autonomía para cultivar su propio pensamiento mediante un esfuerzo particular. De esta forma es muy difícil la renovación curricular y la enseñanza universitaria sustentada en el aprendizaje de competencias duraderas y de calidad.
El proceso de enseñanza-aprendizaje por competencias es la facultad de movilizar un conjunto de recursos cognoscitivos (conocimientos, capacidades e información), para enfrentar con pertinencia y eficacia una serie imprevisible de situaciones. Las competencias no son en sí mismas, conocimientos, habilidades, o actitudes, aunque movilizan, integran y orquestan tales recursos. El ejercicio de la competencia pasa por operaciones mentales complejas, sostenidas por esquemas de pensamiento, los cuales permiten determinar más o menos de un modo consciente una acción relativamente adaptada a una situación. Por lo tanto, los estudiantes y profesores ejecutan una movilización de diferentes recursos para conseguir un objetivo. A lo largo de la vida, uno aplica competencias triviales u otras vinculadas a los ámbitos culturales o profesionales.
La adquisición de competencias requiere de intensos debates y análisis desde diferentes perspectivas. En las aulas universitarias de la Carrera de Derecho las discusiones existen, pero están vacías de aportes científicos y teóricos. Muchos debates son un ir y venir de actitudes defensivas y, en el fondo, de posiciones dogmáticas sumamente sutiles.
En este ambiente institucional y pedagógico, los estudiantes actúan de una manera práctica, evitando cualquier confrontación académica con los profesores, limitándose a hacer lo mínimo porque esto satisface las condiciones circundantes y da menos trabajo al catedrático que tiene otras ocupaciones no académicas fuera de la universidad. Lo importante es conseguir el título nobiliario-profesional y el cartel que se puede adquirir para diferenciarse de los demás.
El resultado es la ausencia de condiciones permanentes de incentivo para cualificar la cátedra universitaria y dotar de mayores estímulos para el aprendizaje de los alumnos. Por lo tanto, la crítica científica, creatividad e imaginación, no pueden ser capturadas como mecanismos movilizadores de la optimización y el mejoramiento del proceso docente de pre o posgrado.
En suma, nos encontramos ante docentes que asumen los roles de Director de todo el proceso, programadores de conocimiento exclusivos, reforzadores, que enseñan memorísticamente, que no motivan al Estudiante.
Por otro lado, de parte del estudiante, ligado a ese accionar conductista del docente, se tiene un receptador pasivo, que sigue instrucción, que es memorístico, que tiene una motivación controlada, que evita la confrontación intelectual por comodidad, que es improvisado, que no le gusta arriesgar, buscando lograr la licenciatura con esfuerzo mínimo, no tiene sólidos hábitos de estudio y que su accionar es sin autonomía.
Para el Sociologo Henry Oporto, las manifestaciones sintomáticas son la mala formación de los estudiantes, se deben la baja calidad del cuerpo docente, el desencuentro entre la oferta académica y el mercado profesional y la ausencia de producción científica y tecnológica. Citando a  Bill Gates, refiere  que el atraso de los países obedece a que su gente no tiene preparación y que la clave es ofrecer educación de mejor calidad, tanto en las escuelas como en las universidades. Quizás tampoco al Nobel de Economía Joseph Stiglitz, que ha advertido que en la economía global que viene tras la crisis que empezó en 2008 la educación, la ciencia y la tecnología serán las claves del desarrollo, añadiendo: "Todo parece indicar que la educación será aún más importante que antes”.
Siendo este un reflejo de  una crisis profunda, cuyas manifestaciones sintomáticas son la mala formación de los estudiantes, la baja calidad del cuerpo docente, el desencuentro entre la oferta académica y el mercado profesional y la ausencia de producción científica y tecnológica.
Nuestras universidades están saturadas de estudiantes que cursan Derecho, Contabilidad, Auditoría y otras carreras humanísticas; son carreras con escasas oportunidades laborales y que están alejadas de los requerimientos de la innovación y la economía del conocimiento del siglo XXI. En la Universidad Pública boliviana desde principios de los años 2000, el número de alumnos en Ciencias Jurídicas era casi el doble del número de alumnos en Ingeniería y en Ciencias Puras; la Carrera de Psicología tenía casi tantos alumnos como la Facultad Técnica, que forma técnicos superiores y medios. Es decir que lo que menos están preparando nuestras universidades son capacidades humanas para el emprendimiento, la innovación y la tecnología. Hay estudios que refieren que incluso en las universidades privadas de corte empresarial no parece que se estuvieran formando más que futuros empleados o consultores, pero escasamente talentos creativos y empresariales, es el caso del informe  elaborado por María Luisa Talavera, denominado Procesos de admisión a la Facultad de Humanidades y sus efectos en la calidad de la formación universitaria. 
Otro estudio más reciente (Educación Superior Universitaria en Bolivia de Gustavo Rodríguez y CristeWeise)  registra que sólo el 14% de la demanda del mercado tiene correspondencia directa con la oferta de carreras en el sistema universitario; el 70% de la oferta académica carece de esa relación con el mercado profesional. Según el mismo estudio, el 45% de los alumnos tiene un tiempo promedio de estudios entre 4 y 10 años, y el 55% de más de 10 años, a nivel de licenciatura. Quienes lograban su titulación representaban un magro 14% de la población universitaria total, y el 3,2% de los nuevos matriculados. Todo lo cual da una idea de las altas tasas de permanencia, repetición y deserción estudiantil. También se anota que sólo la mitad del profesorado estaba integrado por docentes titulares, y la otra mitad por invitados; el 83% tenían títulos de licenciados, 8% de maestría y 1% de doctorado; el 77% cumplían labores a tiempo parcial y solamente el 23% con dedicación exclusiva. No obstante el incremento del cuerpo docente, muchos de ellos debían impartir clases en aulas de más de 100 alumnos. Así y todo, ser docente es una ocupación que puede resultar apetecible, independientemente de las calificaciones y cualidades para la enseñanza. La desconexión entre la docencia y la investigación es un mal endémico. Y si bien las universidades (específicamente la UMSA, UMSS y UGRM) concentran la mayoría de los centros de investigación en el país -algunos de prestigio-, en general la producción científica y tecnológica es muy pobre. Las universidades asignan fondos exiguos a la investigación; además, la poca investigación está a menudo desligada de la producción y las empresas, y casi no hay trabajos publicados en revistas científicas internacionales. Dentro de la escasa producción de patentes en Bolivia, el aporte de la academia es mínimo e irrelevante a nivel internacional. 

La educación superior en Bolivia experimenta la tendencia mundial -más acusada en los países en desarrollo- de una explosión en el número de alumnos que pasan por sus aulas y que va de la mano con la expansión de la planilla docente y administrativa, la proliferación de universidades (públicas y privadas), de facultades y carreras y de una demanda creciente de presupuesto. Si bien esta masificación ha permitido la integración de los jóvenes de clase media baja y de otros estratos sociales, incluso rurales, antes excluidos, todo indica que los beneficios de esta inclusión social se han agotado, en la medida en que ni las universidades ni el propio Estado han creado las condiciones necesarias para producir un avance similar en la calidad de la educación. Al respecto, vale la pena citar las conclusiones de un estudio en Humanidades de la UMSA, pero que puede ser también válido para otras facultades: "Desde mediados de los 90, la formación ocurre en contextos masificados en los que la mayoría de los estudiantes trabaja y no puede asistir a clases regularmente (…) Las cátedras supernumerarias tienen altos niveles de deserción si se ejerce algún control de asistencia o si se sube la exigencia (…) Los alumnos en estos cursos rinden por debajo de sus potencialidades, y son muy pocos aquellos con rendimientos altos, que normalmente son estudiantes a tiempo completo (…) La enorme cantidad de alumnos en las aulas, sumada a la irregular asistencia y puntualidad, conforman condiciones que dificultan la enseñanza y aprendizaje. Los efectos son visibles cuando los egresados tienen que titularse, debido a que no se sienten suficientemente preparados”. Por supuesto que la deficiente formación universitaria es también tributaria de la mala calidad de enseñanza secundaria, lo que obliga a flexibilizar los sistemas de admisión y, en última instancia, a bajar el nivel de exigencia académica en el nivel superior.  Lo insólito es que ni las universidades ni el Estado se hacen cargo del problema, creando otras alternativas de formación profesional más cortas, económicas, prácticas y útiles para la vida laboral  o también mediante cursos a distancia, virtuales y con las herramientas tecnológicas disponibles. Tampoco es una solución el inusitado aumento de postgrados, puesto que en general no tienen la calidad apropiada. Hoy en día, como lo saben bien los nuevos profesionales, contar con un título no garantiza conseguir empleo ni obtener un salario que retribuya la inversión en los estudios; ello, además, por la estrechez del mercado y la falta de oportunidades económicas. Esto, en algún momento, tiene que derivar en desencanto y frustración. La universidad, rehén del corporativismo
Tal como ha quedado demostrado por el reciente conflicto en la UAGRM, que ha paralizado nuestra casa de estudios, la universidad pública tiene un serio problema de gobernanza. Atrás quedaron los fines nobles de la autonomía y el cogobierno, de garantizar la libertad académica, resguardar la enseñanza de la intromisión del poder político y hacer de la universidad una trinchera en la lucha democrática y nacional. Esos objetivos fueron desvirtuados por la captura de la universidad, ya ni siquiera por los partidos políticos, sino por los gremios e intereses corporativos que se disputan y reparten el poder interno -con la complicidad del estudiantado, cuyos dirigentes son parte del engranaje-. Se trata de un sistema clientelista y prebendal que ha degradado la enseñanza superior y al interior del cual la excelencia académica no cuenta. Los centros de calidad, que los hay, son como islas en un mar de mediocridad.
El corporativismo ha derrotado los tímidos intentos desde el Estado, en los años 90 y siguientes, por implantar un sistema de evaluación y acreditación y vincular los recursos fiscales a los resultados de evaluaciones. De nada sirve que la Ley 3009 (de 2005) hubiera creado el Consejo Nacional de Acreditación de la Educación Superior para coordinar procesos de evaluación y avalar la calidad de programas e instituciones académicas; este organismo ni siquiera llegó a conformarse. El Fondo de Mejoramiento de la Calidad, creado en 2001 para asignar recursos concursables a mejoras académicas en las universidades, no existe más. La respuesta del sistema universitario de montar su propio mecanismo de evaluación y acreditación tampoco funciona en la práctica y, si lo hace, no es transparente en sus resultados, además de que no son validados por instancias independientes ni acreditados internacionalmente, salvo tal vez raras excepciones.
Estamos, pues, en el peor de los mundos. De un lado, las universidades que se escudan en la autonomía para poner a buen recaudo los privilegios corporativos, que no rinden cuentas de sus resultados académicos e institucionales y son refractarias al cambio. De otro, el gobierno, que, por razones políticas coyunturales, se rinde ante las universidades y abdica de su responsabilidad de regular y evaluar su desempeño; un gobierno pasivo y complaciente que se limita a regatearles presupuesto pero sin visión sobre la educación superior y desprovisto de políticas y capacidades para promover reformas que fomenten la calidad, la eficiencia y la equidad.
Apoltronadas, casi encerradas sobre sí mismas, con muy pocas vinculaciones con el sistema productivo nacional, alejadas de los centros de innovación y marginadas del proceso de internacionalización de la educación, nuestras universidades tienen restricciones severas para  generar conocimiento e innovación y producir pensamiento y cultura democrática; sólo escasamente pueden formar capital humano, y no son más la cantera de las élites intelectuales y políticas que puedan conducir la transformación del país.
Dos problemas llaman la atención:
1) el número de estudiantes en carreras sociales o jurídicas y el escaso interés en las áreas técnicas. En la UMSA, a principios de los años 2000, el número de alumnos en Ciencias Jurídicas era casi el doble del número de alumnos en Ingeniería y en Ciencias Puras.
 2) la falta de relación entre lo que el mercado profesional necesita y lo que ofrecen  las universidades bolivianas. Sólo el 14% de la demanda del mercado laboral  tiene correspondencia directa con la oferta de carreras en el sistema universitario; el 70% de la oferta académica carece de esa relación con el mercado profesional.
 Preocupa también las altas tasas de permanencia, repetición y deserción estudiantil: el 45% de los alumnos tiene un tiempo promedio de estudios entre cuatro y 10 años, y el 55% de más de 10 años, a nivel de licenciatura. Quienes logran su titulación representan un 14% de la población universitaria total, y el 3,2% de los nuevos matriculados.
Uno de los aspectos que determina la calidad de la formación académica universitaria son los docentes y cuánto aporta cada casa de estudios al conocimiento a través de la investigación. Ambos aspectos sufren una crisis en las universidades nacionales.
Hace 20 años las universidades se propusieron destinar el 7% de su presupuesto a investigación, una meta que no se cumplió. Actualmente no hay información precisa sobre el gasto en investigación, aunque tendría que haber subido algo por el aporte de los recursos del IDH.   En cuanto a la calidad de los docentes,  se anota que sólo la mitad del profesorado está integrado por docentes titulares, y la otra mitad por invitados, de los cuales poco tienen dedicación exclusiva, además de no contar con maestría.



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